Los campos de batalla de ELECTROZONA

 

 

 

Por: Danilo Guerrero Montero

Siempre he visto en ELECTROZONA un ejemplo de persistencia. Quizás una punta de lanza dentro del panorama de creadores cubanos de pistas electrónicas en el segundo decenio de este siglo. Y lo percibo de esta forma pues esta agrupación holguinera, suerte de hermandad de pinchadiscos y productores sonoros, ha logrado construir y proteger una voz propia dentro del discurso nacional de la música electrónica. Discurso que muchas veces no es diálogo y donde la competitividad salta a los oídos. Lugar, el de la música electrónica en Cuba, que se convierte en campo hostil y donde la principal batalla se libra en lo interior.

ELECTROZONA busca sin calma ese escenario en el destino que aporta Cuba a los ritmos nacidos de la confluencia de lo popular con la música electrónica académica. Y lo hace precisamente desde una ciudad de provincia donde “casi todo es noticia después de ser noticia”, como acotara el poeta holguinero Luis Yuseff Reyes en unas palabras que dedicara hace unos años a la formación holguinera. Por ello, en el año 2013 estos chicos han decidido dejar otra evidencia de su devenir como grupo, con su segunda producción independiente titulada Campo de batalla.

En este nuevo fonograma, ELECTROZONA repite la fórmula utilizada en Espiral (2012) y nos entrega una recopilación de la etapa creativa más reciente de la agrupación, donde es evidente la ausencia de unión o progresión conceptual entre los temas que la componen. “Intro” es la primera pista de disco y el típico preludio en forma de collage. En esta obertura ELECTROZONA apuesta por sonidos ácidos que conforman, progresivamente, una danza repetitiva de cuerda distorsionada y house primigenio de Chicago. Luego “Funkcontigo remix” nos sostiene durante más de seis minutos en un patrón rítmico contagioso que nos recuerda el electro de Afrika Bambaataa, incluso con algún scratch sampleado durante el tema. Así se arriba a la pieza titular del álbum, donde los ritmos del tabla y los bombos surcan las áreas fronterizas del deep house, en contrapunto con las estructuras clásicas del house progresivo y los aportes del chillout. Un tema ingenioso de seductoras adiciones y eliminaciones del instrumental sonoro. Las líneas rítmicas del deep house se refuerzan con elementos tribales en “This is house”, donde diversos samples cobran vida durante la evolución del tema. “Sexy master” es otro punto de giro en Campo de batalla y ésta vez hacia la escena cadente del tech house, con líneas de bajo y sonidos de hi-hat que rebotan alegremente como conectores y tensores de la progresión rítmica. La dinámica del disco vuelve a cambiar con “Danger is sexy” donde interactúan el trap y el dubstep en un juego voluptuoso que une densidad y tensión en la pista de baile. Con “69” el álbum varía otra vez hacia el deep house y lo hace a través de timbres techno que conforman, por si mismos, una espiral sonora lisérgica y caleidoscópica. “It’s your business” es otra buena dosis de deep, donde los samples de voz asumen el rol protagónico del tema en una dúctil aunque refinada escena de sonido tribal.

El clímax de Campo de batalla llega con su pista número nueve: “Todo es noticia”. Un dubstep breve pero conciso, que cuenta con la voz del poeta Luis Yuseff dando testimonio del carácter fundador de ELECTROZONA en los predios holguineros. Una pieza con todos los ingredientes para cautivar a los oídos más exquisitos y un opening seguro de sus presentaciones en vivo. Para mantener esa energía, ELECTROZONA contrataca con la primera remezcla del disco: “La vida te da sorpresas” del panameño Rubén Blades. Un tech house que samplea parte de la pieza original y que está listo para servir en la mesa de cualquier DJ que deguste de ritmos latinos en sus playlists. Prosigue otro tech house: “Different night, same stuff” que sostiene la intensidad del disco con una progresión rítmica estridente. En esta pieza ELECTROZONA fabula con un público imaginario que, a pesar del dinamismo sonoro, mantiene su mutismo estático. Llegada la antesala del cierre surge la segunda remezcla del fonograma: “We are your friends”, original de Simian y versionada por el dúo francés Justice. Esta vez será el chillout atmosférico quien tomara las riendas de uno de los temas más populares de la música electrónica internacional durante la primera década del siglo XXI. Y el resultado es loable, al punto de resumir la evolución definitiva de ELECTROZONA hacia un nivel creativo superior. El álbum culmina con “Basstep” y lo hace a través de un dubstep más gringo y menos anglo, aunque nacido de mentes cubanas. Una pieza de texturas seriales que fluctúan entre la calma y la cólera, aunque la cadencia de sus golpes de bajo persiste en generar un clima denso, inmutable y lento.

Puede que el campo de batalla relatado hasta aquí se confunda por el arte de tapa o por las lecturas amatorias de los títulos incluidos en este fonograma. Pero solo es un truco. La verdadera contienda citada en Campo de batalla fue la librada por ELECTROZONA en esa cruzada, aún no relatada, del arte de pinchar discos y producir música electrónica desde una “ciudad de provincia”. Por fortuna estos creadores holguineros han conseguido dialogar en 13 temas, al menos así lo creo, con el concierto de la música electrónica que se produce hoy por pinchadiscos en Cuba. Y no lo hicieron mejor, solo al mismo nivel.